Desde la perspectiva de Lyotard (1985), en
su texto La Naturaleza del Lazo Social: La
Alternativa Moderna, incluido en La Condición
Postmoderna, el autor analiza cómo ha cambiado
la naturaleza de los lazos sociales entre la
modernidad y la posmodernidad. En el contexto
moderno, dicho lazo se concebía como una
relación entre individuos que compartían valores
y objetivos comunes, sustentada en la idea de una
sociedad coherente y homogénea, articulada por
normas compartidas. En la sociedad
postmoderna, en cambio, predomina una
concepción basada en la diversidad y la
fragmentación, donde los individuos ya no
comparten los mismos referentes ni una visión
unificada del mundo. Esta transformación
implica nuevas formas de vínculo social, más
flexibles y heterogéneas, que responden a la
complejidad del entorno contemporáneo.
En consecuencia, el autor propone una
alternativa diferente al plantear que el lazo social
es una relación entre individuos que comparten
solamente un elemento: un lenguaje común,
entendido como el medio a través del cual los
miembros de una sociedad se relacionan entre sí
y configuran su identidad. Este lenguaje no se
limita a ser un canal de transmisión de
información, sino que permite la construcción de
significados y relaciones. En este sentido, se
convierte en una herramienta fundamental para el
establecimiento de dicho lazo social, en
oposición a la uniformidad propia de la sociedad
moderna. A partir de ello, puede deducirse que el
lenguaje posibilita la formación de vínculos
sociales que inciden directamente en la
educación de los miembros de la sociedad, ya sea
de manera positiva o negativa.
De acuerdo con Didriksson (2017) sostiene
que el concepto de lenguaje es aplicable en todas
las áreas de la sociedad. En el ámbito educativo,
por ejemplo, las formas de comunicación
presentes en las instituciones de Latinoamérica
evidencian condiciones desfavorables, pero
también la existencia de lazos sólidos entre los
actores educativos, quienes comparten
desventajas similares frente a sistemas de alta
calidad como el finlandés. El autor analiza las
experiencias exitosas de la reforma educativa en
Finlandia y ofrece puntos de comparación con
otros modelos, como el de México. Destaca que,
para alcanzar el éxito, Finlandia debió concebir
la educación como un bien público y un derecho
humano universal, sin escuelas ni universidades
privadas, con énfasis en la inclusión, la igualdad,
la cooperación, la confianza en los docentes y la
creatividad.
En el discurso de Lyotard (1985), en la
modernidad predominan los grandes relatos,
narrativas que buscan explicar la totalidad de la
realidad y establecer como oficiales el
conocimiento, la acción y la moral. Ejemplos de
estos relatos son el cristianismo, el humanismo,
el marxismo, el positivismo y el liberalismo,
todos basados en principios universales y
racionales que promueven un lazo social de
unión, pertenencia y solidaridad. Según el autor,
estos relatos son reemplazados en la
posmodernidad por narrativas más pequeñas,
sustentadas en principios particulares e
irracionales, que generan un lazo social marcado
por el desacuerdo, la diferenciación y el
conflicto. Como alternativa, Lyotard propone
una ética de la tolerancia y la justicia, basada en
el diálogo y la negociación, que permita resolver
los conflictos de la convivencia y generar
resultados innovadores en el conocimiento, la
acción y la moral.
Habermas (1985) plantea que la
modernidad es un proyecto inconcluso,
caracterizado por una conciencia crítica del
tiempo y la búsqueda de autonomía. Defiende la
racionalidad comunicativa como medio para
lograr acuerdos e integración social, y critica el
pensamiento posmoderno por su escepticismo y
relativismo, los cuales debilitan la
estandarización de procesos sociales y
educativos. Introduce el concepto de
autocercioramiento: la capacidad humana de
conocerse a sí mismo y comprender el mundo
mediante la razón y la ciencia, considerada
esencial para participar en la sociedad moderna.
La modernidad implica una conciencia histórica,
es decir, la comprensión del pasado, presente y
futuro como parte de un proceso de cambio. Sin
embargo, advierte que enfrenta una crisis de
sentido, legitimidad e identidad. Como respuesta,
propone una teoría de la acción comunicativa
basada en el consenso, la emancipación y la
universalidad, que promueve la verdad, la
corrección normativa, así como el respeto a la
libertad e igualdad mediante el diálogo racional.